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© Método NSR  2019 Nuria Sánchez Romanos

Me sorprendo de mi sorpresa


Hoy he estado impartiendo una sesión de trabajo en equipo en un centro de promoción económica. Voy a llamarle seminario, por que ha durado apenas tres horas. Tres horas fantásticas que han dejado sabor a poco y con ganas de más... es lo que tiene el método NSR para la Educación Emocional. ¡Infalible para crear contexto y motivar!.

Aunque hoy no quiero hablar de él, si no de mi emoción (triplicada hoy), la Sorpresa:

1ª Sorpresa: he entrado en una gran cafetería, espaciosa, con mucha luz natural, mucha mesa y pocas personas trabajando en ella. Al acercarme a la barra para pedir mi cortado con leche fría matinal, el camarero ha levantado su vista hacia mí, con sus gafas de ver totalmente empañadas por el vapor del pequeño lavavajillas que tenía delante. Al mirarme y no ver, ha sonreído abiertamente y ha soltado una gran carcajada: no te veo!! Jajaja, ha dicho riendo.

¡Y me ha sorprendido que tuviera tan buen humor y que se riera de la situación, mientras una mirada de complicidad hacia mí, acompañaba sus risas!

2ª Sorpresa: en la sesión que he impartido seguida a ese cortado, y tras una divertida dinámica de presentaciones hemos comenzado (las 12 personas que tenía delante y yo) a hablar de temas de empresa, de habilidades sociales, del trabajo en equipo y de la adaptación a los cambios. Una de esas personas me ha dicho: antes era yo la que se preocupaba en saber si estaban contentos conmigo en la empresa. Ahora, en la nueva empresa en la que trabajo desde hace 6 meses, es el jefe el que me ha preguntado si yo estaba contenta con ellos.

¡Y me ha sorprendido su sorpresa!

3ª Sorpresa: He acabado mi tarde, antes de llegar al despacho, comprando en un supermercado algunas cosas para la jornada de mañana. Me gusta tenerlo todo preparado y en eso incluyo, unos dulces y algo de fruta para el desayuno del grupo. Total, estaba ya en la cola para pagar y una señora ha puesto un paquete de chicles junto a mi compra en la cinta. Al darse cuenta de que se había equivocado me ha dicho: ¡Uis, perdona! He puesto los chicles junto a tus cosas.

¡Y me han sorprendido sus disculpas!

¿Y por qué cuento todo esto? Porque en los tres casos ha habido sorpresa. La de los otros y la mía.

La sorpresa es la emoción que menos dura ( una fracción de segundo) y hace las veces de “puente” hacia otra emoción. En mi caso hoy, en las tres ocasiones me ha llevado a la alegría.


Alegría por darme cuenta de que, de buena mañana, también otras personas están de tan buen humor como yo (¡fantástico!)

Alegría por darme cuenta de que en la situación que estamos viviendo, ya otras personas se dan cuenta del cambio hacia algo mejor en la empresa: ya se percibe que se cuida al trabajador (¡eso me encanta!).

Y Alegría por darme cuenta que, también en la cola del supermercado, el buen humor y la cortesía surgen ya hasta de los pequeños errores (¡una maravilla!)

Y me sorprendo de mis sorpresas… cosas tan sencillas no deberían sorprendernos. ¿Será que nos hemos desacostumbrado a recibir sonrisas, buenas noticias y cortesía? .

O sea… de la sorpresa a la alegría y de la alegría a la tranquilidad (otra emoción de las buenas). Tranquilidad porque todo está volviendo a su cauce. Un cauce que siempre debería estar presente y que nos lleva al bienestar personal y social.

Dicen que los pequeños detalles marcan la diferencia y en el caso de la educación emocional, son los verdaderos protagonistas, ¿verdad? Sólo hace falta darse cuenta.

Pues venga, ¡al lío!

¡Genial este día!

#Emociones #sorpresa #alegría